¡Pena!, pena negra, pena.
Los álamos murmullan, se ha ido.
¡Ay!, no queda ni un quejío.
Maestro, canta, cántale a las estrellas, sigue cantando.
Tu mano acaricia el lomo de Laika y con Carlos te tomas un vinillo.
Y al compás se oye copla, aullido y quejío.













